Últimamente estoy dándole vueltas a la idea de la cena, de la mesa que contiene elementos identificables con la comida y la bebida, además del resto de parafernalia que nos facilita la labor (placer para algunos y simple supervivencia para otros). Pero ¿Qué ocurre cuando introducimos elementos desconcertantes en ella, o nos encontramos con alimentos crudos, marchitos, ajados, quizá desagradables? ¿Qué sensaciones provoca en nosotros? ¿En qué se convierte esa mesa?

De momento he empezado con un cuadro en el cual todo se encuentra marchito, acabado, gastado, consumido en parte o por completo.

Incluyo imagenes del proceso desde un primer boceto en carbón hasta su estado final, óleo sobre tabla, 149 x 52 cm


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